15 julio, 2008

Expulsión de alumna activista

La acción de Música Sepúlveda, alumna del Liceo Darío Salas, ha ocupado titulares y copado las conversaciones cotidianas de muchos chilenos. Sin embargo, resulta preocupante la discreción con que se ha cubierto el único resultado concreto hasta el momento de dicha acción, la cancelació de la matrícula de dicha alumna. Porque los actos con contenido político merecen la máxima protección y el rol de los disitentes es central en una democracia vibrante y sana, la actitud del alcalde Raúl Alcaíno es tremendamente censurable.

Música Sepúlveda, al lanzar un jarro de agua a la Ministra de Educación Mónica Jiménez, actuó impulsada por un sentimiento de reciprocidad hacia la autoridad. Su argumento fue que la Ministra no sabe lo que se siente ser mojada por un carro lanzaagua. Si bien esta era una experiencia formativa para los políticos de oposición durante la dictadura, es cierto que los actuales funcionarios de gobierno están cada vez más alejados de dicho tipo de experiencias. Sin embargo, en última instancia el argumento termina siendo falaz, pues en un sistema representativo de gobierno no esperamos que nuestros representantes hayan vivenciado milimétricamente cada experiencia que aqueja a los ciudadanos. Esperamos de ellos, en cambio, que satisfagan las necesidades de la ciudadanía de manera política y técnica, simultáneamente.

Sin embargo, que la argumentación de Música no sea impecable no significa que por esto sea irremediablemente condenable. El acto de la alumna corresponde a lo que se conoce como conducta expresiva, la cual por darse en un contexto de protesta política debe gozar de la misma protección que merecen discursos, escritos y todo acto comunicativo que trate de avanzar una posición. La misma Corte Suprema de Estados Unidos, por poner un ejemplo, ha reconocido la importancia de proteger aquellos actos que, si bien resultan ofensivos e irrespetuosos, precisamente por ello personifican posturas políticas. Así, en la sentencia de 1989 conocida como Texas v. Johnson, la Corte protegió a quienes quemaran la bandera norteamericana frente a la Convención Nacional Republicana. En una línea muy similar a la empleada por Música, desde fines de los 60' se ha popularizado el lanzamiento de pasteles en el rostro de importantes autoridades como una forma de protesta. El contenido rupturista y en consecuencia, político de este acto es muy claro: ridiculizar a la autoridad es un acto de rebeldía.

En definitiva esta es una pregunta por la condición de los disidentes; es decir, aquellos que el día de hoy son minoría, pero que el día de mañana pueden llegar a constituir nuevas mayorías mediante acciones que les den visibilidad y espacios de libertad que les permitan articularse discursivamente. Meditar sobre el rol vital que juegan en cuanto a mantener viva la democracia en el tiempo nos debiera llevar a respetar y proteger sus acciones. No a expulsarlos del colegio.

Expulsion de alumna activista

La acción de Música Sepúlveda, alumna del Liceo Darío Salas, ha ocupado titulares y copado las conversaciones cotidianas de muchos chilenos. Sin embargo, resulta preocupante la discreción con que se ha cubierto el único resultado concreto hasta el momento de dicha acción, la cancelació de la matrícula de dicha alumna. Porque los actos con contenido político merecen la máxima protección y el rol de los disitentes es central en una democracia vibrante y sana, la actitud del alcalde Raúl Alcaíno es tremendamente censurable.

Música Sepúlveda, al lanzar un jarro de agua a la Ministra de Educación Mónica Jiménez, actuó impulsada por un sentimiento de reciprocidad hacia la autoridad. Su argumento fue que la Ministra no sabe lo que se siente ser mojada por un carro lanzaagua. Si bien esta era una experiencia formativa para los políticos de oposición durante la dictadura, es cierto que los actuales funcionarios de gobierno están cada vez más alejados de dicho tipo de experiencias. Sin embargo, en última instancia el argumento termina siendo falaz, pues en un sistema representativo de gobierno no esperamos que nuestros representantes hayan vivenciado milimétricamente cada experiencia que aqueja a los ciudadanos. Esperamos de ellos, en cambio, que satisfagan las necesidades de la ciudadanía de manera política y técnica, simultáneamente.

Sin embargo, que la argumentación de Música no sea impecable no significa que por esto sea irremediablemente condenable. El acto de la alumna corresponde a lo que se conoce como conducta expresiva, la cual por darse en un contexto de protesta política debe gozar de la misma protección que merecen discursos, escritos y todo acto comunicativo que trate de avanzar una posición. La misma Corte Suprema de Estados Unidos, por poner un ejemplo, ha reconocido la importancia de proteger aquellos actos que, si bien resultan ofensivos e irrespetuosos, precisamente por ello personifican posturas políticas. Así, en la sentencia de 1989 conocida como Texas v. Johnson, la Corte protegió a quienes quemaran la bandera norteamericana frente a la Convención Nacional Republicana. En una línea muy similar a la empleada por Música, desde fines de los 60' se ha popularizado el lanzamiento de pasteles en el rostro de importantes autoridades como una forma de protesta. El contenido rupturista y en consecuencia, político de este acto es muy claro: ridiculizar a la autoridad es un acto de rebeldía.

En definitiva esta es una pregunta por la condición de los disidentes; es decir, aquellos que el día de hoy son minoría, pero que el día de mañana pueden llegar a constituir nuevas mayorías mediante acciones que les den visibilidad y espacios de libertad que les permitan articularse discursivamente. Meditar sobre el rol vital que juegan en cuanto a mantener viva la democracia en el tiempo nos debiera llevar a respetar y proteger sus acciones. No a expulsarlos del colegio.