11 marzo, 2016

De nuevo sobre el análisis marxista del derecho


El análisis marxista del derecho, tal como lo entiendo, estudia la formulación jurídica de los intereses de clase. La unidad de análisis, para efectos de un análisis de este tipo, no es ni el texto legal, ni la norma jurídica, ni tampoco el enunciado jurídico, sino que la materialización de los enunciados normativos relevantes en instituciones caracterizadas por su efectividad en organizar la vida en común. Empleo este término no sólo para referirme a las entidades habitualmente denominadas como tales, es decir, a las organizaciones que detentan poder político (el estado y sus componentes individuales) sino también a organizaciones que no detentan poder político pero que deben su existencia a su forma jurídica (sociedades y otras personas jurídicas), así como a las titularidades jurídicas (o derechos, en un lenguaje más cotidiano, pero cargado de implicancias ideológicamente liberales) que regulan la conducta de organizaciones e individuos.
La totalidad de las instituciones representan la normatividad de una determinada formación social; es decir,

N = I1, I2, I3,… In

Ahora bien, una comprensión marxista del derecho debe aspirar a representar dinámicamente la relación entre intereses sociales y regulación normativa de la conducta social. Tan sólo a efectos heurísticos, imaginemos que nuestro punto de partida lo constituye una sociedad igualitaria de cazadores y recolectores; comunismo primitivo. En dicha sociedad, dado que todos los integrantes tienen iguales intereses, el orden social reflejará de la misma manera los intereses de todos. Por ello, la relación entre intereses sociales y regulación de la conducta podrá ser representada fácilmente mediante la siguiente fórmula:

S N

En esta fórmula, la normatividad satisface el interés de todos los integrantes de la sociedad, pues todos los integrantes de la sociedad tienen el mismo interés: satisfacer sus necesidades materiales de una manera que cumpla con los estándares culturales del grupo humano en cuestión. En cambio, en una sociedad donde existen intereses sociales divergentes y, en ciertos casos, contradictorios, la representación formal, para ser descriptivamente adecuada, tendrá que ser distinta. Una primera representación de dicho caso será así:

(S 1 * S2 * S3 …. Sn N

Aquí, * representa los mecanismos de interacción social a través de los cuales los agentes sociales buscan hacer que sus intereses sean satisfechos, mecanismos que el marxismo ha habitualmente teorizado mediante el concepto de lucha de clases.
Por supuesto, ya hemos visto que N es igual al conjunto de instituciones que la componen. Por esto, podemos intercambiar los términos de la ecuación, de la siguiente manera:

(S 1 * S2 * S3 …. Sn) I1, I2, I3,… In

Sin embargo, la existencia de una sociedad diferenciada evidencia un problema adicional, que requiere ser atendido: específicamente, el hecho de que los actores sociales jamás plantean de manera desnuda sus intereses. Tal formulación, de hecho, es humanamente imposible, pues los intereses de los actores están mediados culturalmente; es decir, el hecho mismo de que los agentes sociales sean conscientes de sus intereses depende de que dispongan de entramados cognitivos y conceptuales que les permitan representarse mentalmente tales intereses. Por ello, los actores sociales deben expresar discursivamente sus intereses, expresión que está culturalmente constreñida por los estándares culturales del grupo. Así,

 (P[S1] * P[S2]) N

Donde P[S] es la formulación discursiva del interés de un determinado actor social, individual o colectivo o, dicho en otros términos, su demanda política. Ahora bien, el darnos cuenta de la necesidad de expresar discursivamente los intereses de una manera sensible al contexto intersubjetivo nos permitiría formular de una manera distinta el ciclo:

N

Aquí, la idea, un tanto metafísica, es que los intereses sociales se traducen a demandas políticas, y que a su vez estas demandas políticas se traducen en la normatividad socialmente existente. El signo expresa distintos tipos de causalidad dependiendo de la letra que le anteceda. S es, empleando el antiguo –aunque no obsoleto– lenguaje aristotélico, la causa material de P; mientras que P es, además de causa material, también causa eficiente de N. Es decir, P está hecho a partir de los materiales provistos por S; mientras que N no solamente está hecho a partir de los materiales provistos por P, sino que además el establecimiento, promulgación o adopción de sus unidades atómicas, es decir, de las múltiples In que le integran, se lleva a cabo para dar respuesta a las P. Esta última formulación nos sugiere que los intereses sociales se expresan en demandas políticas que, a su vez, dan contenido a la normatividad social.

Ahora bien, la virtud de esta última formulación es que ella es tan evidentemente imperfecta debido a su carácter estático que reclama, de parte del observador, su complementación. Esto, por cuanto resulta evidentemente que ningún N constituye, ni ha constituido históricamente, un punto final, sino que constituye, él mismo, el punto de partida para el surgimiento de nuevos intereses sociales: los favorecidos por N buscan preservar sus beneficios; los perjudicados por N buscan cambiar N para lograr mejores condiciones. Por ello,

S P N S’ P’ N’ S’’ P’’ N’’ S’’’…

Esto es, los intereses sociales existentes, por así decirlo, en la Hora Cero, dan lugar a demandas políticas que llenan de contenido a la normatividad, y que fijan posiciones sociales que sirven de punto de partida para la emergencia de nuevos intereses, traducidos en nuevas demandas, que serán traducidas en nuevas instituciones, y así sucesivamente hasta el fin de la historia del grupo humano en cuestión.

A su vez, el deseo de representar este ciclo de una manera que visibilice la divergencia dentro de los intereses sociales y la interacción entre los agentes que lleva a que algunas demandas sean satisfechas y otras no, de una manera dinámicamente consciente, podría ser representado de la siguiente manera:

(P[S1] * P[S2] * P[S3]… * P[Sn]) (I1, I3… In) (P[S1´] * P[S2’] * P[S3’]… * P[Sn’])...

Aquí, S2 ha sido seleccionado, heurísticamente, para representar a un actor social que ha fracasado en su objetivo de lograr la satisfacción institucional de su demanda. En consecuencia, no está representado en el segundo paréntesis, que contiene el conjunto de instituciones producido como resultado de la lucha entre las distintas demandas políticas que expresan los intereses sociales existentes. El contenido de la demanda P[S2’], en esta hipótesis, reflejará el hecho de que la demanda P[S2] no fue satisfecha.

La ecuación, en estricto rigor, debiera también evidenciar que los estándares culturalmente compartidos por el grupo también son sensibles a las demandas presentadas por los actores sociales. Por ello, su presentación debiera ser la siguiente:

(P[S1] * P[S2] * P[S3]… * P[Sn]) (I1, I3… In) (P’[S1´] * P’[S2’] * P’[S3’]… * P’[Sn’])...

El desafío empírico de la investigación marxista del derecho, en consecuencia, será (a) comprender el paso de S a P y de P a I; (b) y comprender la manera en que anteriores ciclos de producción de N influyen tanto en * como en las versiones modificadas de S y P, esto es, en S’ y P’.

No está de más reconocer, para bien o para mal, la inspiración laclauliana de esta formulación.

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