05 julio, 2014

Caricaturas étnicas en la discusión del conflicto chileno-mapuche

Cuesta comprender qué contribución a la discusión del conflicto chileno-mapuche realiza la columna de opinión del abogado Gerardo Varela, socio de uno de los "grandes" estudios de abogados de la capital ("grandes" no porque concentren una gran cantidad de saber jurídico, sino porque representan grandes intereses económicos). Al imputar a quienes simpatizan con la causa mapuche una inexistente adscripción al arquetipo del "buen salvaje", su argumento distorsiona el contenido proposicional del discurso de sus adversarios. Al apelar de manera tan superficial al ideal de unas mismas leyes para todos ("Ellos tienen derecho al mismo Código Civil y están sujetos al mismo Código Penal que el resto de nosotros") revela una comprensión obsoleta, por insustancial, del concepto de igualdad. Al caracterizar al pueblo mapuche precolombino como un conjunto de "pequeñas tribus que estaban en estado de guerra permanente" demuestra no conocer los estudios realizados al respecto por historiadores como José Bengoa y arqueólogos como Tom Dillehay. Al tratar de justificar históricamente la situación actual ("Fueron derrotados en guerras e integrados a la comunidad chilena") intenta falazmente hacer pasar violencia por legitimidad, y opresión por justicia.

Sin embargo, quizás lo más grave de su columna sea la caricatura étnica con la cual titula su columna: "Si camino hablar, ser el intendente que venir".La referencia implícita aquí alude a aquel spot publicitario de los años 80' en que Luis Alarcón, disfrazado de acuerdo al estereotipo de cómo se ve un indígena norteamericano transmitidos en las películas de Westerns, realizaba una afirmación similar. La columna jamás llega a explicar qué quiere decir con este título. Lo único que se puede razonablemente concluir es que el columnista, al usar este estereotipo caricaturesco, busca denigrar al Intendente Francisco Huenchumilla.

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