14 mayo, 2014

Roxana Miranda: protesta, transparencia y jueces

Roxana Miranda escogió un lugar altamente simbólico para protestar: un seminario sobre transparencia, organizado por el Poder Judicial.

Fue simbólico por tres razones. La primera, porque irrumpió a través de los mecanismos disruptivos de la protesta, que siempre es violenta, un ejercicio de reflexión, la cual requiere de un contexto de orden y tranquilidad. Esta antinomia o contradicción no es en sí misma negativa. Emitir tal juicio requiere sopesar la inmediatez o urgencia de la demanda. Es importante tener en cuenta esto, pues el derecho a la protesta adquiere relevancia en la medida en que conlleva una interrupción ritual de nuestra cotidianeidad. Nadie nunca ha protestado a través del silencio y la inacción.

La segunda, porque hizo más público, y en un cierto sentido más transparente, una actividad que, debido a su carácter reflexivo, estaba llamada a pasar desapercibida por la opinión pública. ¿Logrará la protesta de Miranda modificar las prácticas de organismos como el Poder Judicial, y hacer más difícil el conocer la agenda del Poder Judicial, saber sobre sus actividades, acceder a las mismas? ¿Irá esta protesta a inducir menos transparencia en este y otros organismos públicos? La transparencia tiene costos negativos desde la perspectiva del sujeto cuya actividad se vuelve de conocimiento público. Eso no es novedad. Por lo tanto, que de vez en cuando alguien deba pagar esos costos (incluso si el día de mañana ese alguien sea uno mismo) no puede ser argumento contra la transparencia.

La tercera, porque los destinatarios directos e inmediatos de su protesta fueron jueces, un grupo que, de acuerdo a los mitos de nuestra cultura jurídica, son esencialmente pasivos, meros aplicadores de las decisiones de otros. Al protestar frente a jueces, Roxana Miranda performativamente les pide a ellos que intervengan (nadie nunca ha protestado tampoco frente a estatuas, muertos, u otros seres que no puedan actuar como respuesta a la protesta). Esta elección de los jueces como auditorio de una protesta es interesante en momentos en que el Presidente de la Corte Suprema pareciera estar haciendo un esfuerzo deliberado por acabar con el mito de la pasividad judicial. Ejemplo de ello fue su discurso de Inauguración del Año Judicial, donde dijo que el Poder Judicial se debe involucrar en "impedir que, por la falta de asistencia letrada a las personas en condición de vulnerabilidad, se instaure una justicia de clases".

Por último, ¿qué logra políticamente Roxana Miranda con esta interrupción? Desde luego, mantener visible la demanda de la organización de la cual es parte, Andha Chile: el reconocimiento del acceso a la vivienda digna como un derecho social. A poco tiempo de que un tribunal le diera la exigua suma de cinco millones de pesos a cada una de las familias cuyas casas estaban construidas sobre un basural, tema al que me referí en una anterior columna, no parece del todo equivocado llevar a cabo esta protesta en una reunión de jueces.

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