08 octubre, 2010

Autonomía/responsividad, conocimiento/poder

Los discursos de autonomía y responsividad constituyen distintas formas de entender las relaciones entre conocimiento y poder, entre auctoritas y potestas, entre ciencia jurídica y función judicial.
El discurso de la autonomía lleva inscrita una pretensión de exclusividad o, al menos, de superioridad en favor de discursos de tipo profesional en la elucidación de contenidos normativos. Esto se debe a que, para el imaginario que sostiene este discurso, el derecho tiene una entidad cognoscible a través de reglas de interpretación que le dan determinación a las normas. El discurso de la autonomía implica, en términos de la relación entre conocimiento y poder, un elitismo epistémico –algunos tienen más capacidades para conocer que otros– que resulta en un proceso excluyente –sólo algunos están en condiciones de participar–.
El discurso de la responsividad parte de un imaginario distinto, que gira en torno a la indeterminación de las normas. Con esto establece un límite claro al poder de los juristas: como en los casos de indeterminación no es posible encontrar respuestas unívocas mediante las reglas que el propio ordenamiento jurídico entrega, es necesario recurrir a otras fuentes de determinación de los contenidos normativos.
Ronald Dworkin, a lo largo de su producción intelectual, navega de la autonomía a la responsividad. En Taking Rights Seriously, Dworkin replica a Hart que en los casos de indeterminación los jueces no recurren a su discreción sino que a materiales contenidos en el ordenamiento jurídico: los principios. Dado que estos son materiales de carácter jurídico, su uso preserva la autonomía del derecho aun cuando ellos presenten una estructura lógica más laxa que la de las reglas. Posteriormente, en Law’s Empire, Dworkin abandona la teoría de principios y en su lugar recurre a la noción de conceptos interpretativos, a través de los cuales el juez reinterpreta la práctica jurídica para presentarla bajo su mejor luz, proceso que hace girar la práctica en torno a la integridad del derecho. Hércules tiene aquí una labor de intermediario entre lo jurídico, lo moral y lo social. En Freedom’s Law, Dworkin pasa derechamente a describir la práctica constitucional, a través de la cual se da determinación a las normas constitucionales, como un proceso de lectura moral. Uno podría leer al segundo Dworkin, aquel que abandona la noción de principios para abrazar la de conceptos interpretativos, no como propugnando el gobierno de los jueces sino como dando por sentado –junto con Hart– que los jueces tienen discreción, y en ese contexto tratando de proveer de criterios de interpretación al recordarles a esos jueces que dado que su labor se parece a la deliberación moral ciudadana, han de estar atentos a ella.

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