13 julio, 2010

Indultos y valores públicos

¿Ha de extenderse un indulto a militares condenados por violaciones a derechos humanos? La opinión pública ha visto surgir esta discusión a propósito de una propuesta que la Iglesia Católica ha lanzado con ocasión del Bicentenario de nuestra Independencia. Diversas opiniones han sido expresadas. Por un lado, el senador y ex Presidente Frei ha calificado esa posibilidad como una burla, dado que quienes cometieron estos delitos en su mayoría han logrado evitar la condena penal mediante varios mecanismos –tanto jurídicos como extra-jurídicos– por un largo tiempo. Por su parte, el diputado José A. Kast ha manifestado que en virtud del principio de igualdad ante la ley, sería injusto conceder este beneficio a unas personas y no a otras por ser estas últimas militares.

¿Es este un problema de igualdad ante la ley? El diputado Kast parece creer que lo es. Sin embargo, hemos de tener presente que la igualdad ante la ley es una igualdad formal cuya definición está entregada al soberano. Entre nosotros, como república democrática, tal definición está por lo tanto entregada a la ciudadanía y sus representantes. En ese contexto, nadie puede dar por resuelta la discusión sobre indultos apelando a la igualdad ante la ley como si la ley ya lo hubiera resuelto.

¿Es este un problema de caridad cristiana? La caridad cristiana pareciera prometer dar una solución ya que, a diferencia de la igualdad ante la ley, se trata de un valor substantivo, no uno formal. Ahora bien, hay aquí dos discusiones. La primera es que la caridad cristiana nos pide acompañar al que sufre: al enfermo, al desvalido, al que está en la cárcel. No necesariamente indultarlo, pero sí acompañarlo. Ahora bien, al margen de eso, la caridad cristiana apunta fundamentalmente a reconocer a Cristo en el que sufre; y cabe preguntarse, ¿sufren los militares condenados por violaciones a derechos humanos? Considerando como parámetro la población carcelaria chilena, la respuesta es no. No padecen del hacinamiento, de la confinación a reducidos espacios físicos, del régimen de enclaustramiento, que sufre la población carcelaria chilena. Los presos en cárceles públicas sufren; los presos en Punta Peuco, no. Esta discusión, sin embargo, no es necesaria dado que la caridad cristiana no es un valor público. Nadie puede esperar que una apelación a valores cristianos, en una sociedad laica, sea un criterio de decisión pública. La caridad cristiana, por lo tanto, está descartada como argumento público.

En definitiva, este es un problema de valores públicos. Precisamente por ello debemos dejar en claro que ni la igualdad ante la ley ni la caridad cristiana resuelven este tema. El valor público que ha de primar es la justicia política; para la cual es aceptable perdonar ciertos crímenes, pero no aquellos que, tal como la violencia desencadenada contra los opositores al Régimen Militar, constituyen un atentado contra la igualdad política y el régimen republicano.

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