16 septiembre, 2009

Asesinato en New Haven

Harold Koh, el anterior Decano de Derecho tenía entre muchas otras frases listas para cada ocasión la siguiente: New Haven es una ciudad chica con problemas de ciudad grande. Pobreza, segregación social y racial, inmigrantes, violencia policial, y sobre todo, delincuencia. Esos problemas de ciudad grande presentan una gran oportunidad en Yale para salir de la torre de marfil, y a su vez han generado un tipo de comunidad muy especial. Por un lado, la universidad en general y sobre todo la Escuela de Derecho están involucrados a fondo con proveer soluciones a dichos problemas: desde proveer asistencia jurídica a inmigrantes hasta invertir en la renovación de sectores suburbanos. Por otro lado, la comunidad estudiantil constantemente se ve golpeada por actos delictuales y correlativamente, inundada por recomendaciones de cuidado. Ser estudiante en Yale implica cargar en tu mochila algo de temor.
El reciente asesinato de Annie Le encaja con esa mochila de maneras quizás bastante predecibles. El nivel de miedo ha aumentado, desde luego. Vengo de encontrarme en un minimarket con una amiga a la que, después de preguntarle a la pasada cómo estaba, me respondió de manera bastante tensa algo así como "Bien. ¿Así tengo que responder, cierto?". A eso le siguió una larga conversación sobre sus temores, sus hábitos, su vecindario, y así sucesivamente. Ha aumentado a niveles absurdos el nivel de policías de Yale (Yale tiene policía) dando vueltas durante el día en sus bicicletas. Los buses de la universidad (Yale tiene buses) han retomado la costumbre de esperar a que uno entre a su casa cuando es de noche. Y han habido varios encuentros con autoridades para hablar sobre los niveles de seguridad.
La verdad es que, tal como ha repetido reiteradamente la policía, este fue un hecho aislado que no parece estar en condiciones de repetirse. Sin embargo la reacción de muchos –y quizás no puede ser de otra manera– ha sido un ansioso y probablemente innecesario aumento en las medidas de seguridad. Lo que, por cierto, no está mal pues como he dicho New Haven es peligroso, y contra ello más vale precaverse. Mi punto es que más allá de las reacciones particulares y previsibles que esto ha desencadenado, lo realmente interesante es ver qué dicen esas reacciones sobre este grupo humano, qué tipo de reacciones son esas, cómo se explican. El asesinato de Annie Le es comparable al 9/11 en que ambos fueron golpes dados dentro de los muros que protegen al grupo en cuestión. Annie Le trabajaba en un edificio donde para acceder a cada sala hay que utilizar una credencial personalizada. ¿Quién me garantiza que a mí no me va a pasar algo parecido? Esa es la pregunta que ronda en la mente de muchas y muchos. Con todo, la experiencia ha distinguido a Yale de otros posibles grupos humanos y particularmente de los Estados Unidos como nación tras el 9/11. La primera reacción fue de recogimiento, y el escenario fue la explanada en Cross Campus donde el rector Richard Levin nos recordó que somos una comunidad, unida por nuestra búsqueda del entendimiento, y consciente de que hay cosas que van más allá de nuestra comprensión.

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