01 agosto, 2009

Progresismo

Viernes 24 de Julio de 2009

Señor Director:
En los últimos días, diversas cartas han intentado dar una definición (alarmada, desde luego) al fenómeno conocido como progresismo. En este intento, han mirado más allá de nuestras fronteras, específicamente hacia Venezuela y sus adláteres, para identificar el progresismo con la extensión de períodos presidenciales y el populismo "bolivariano". Con ello, sin embargo, confunden a la opinión pública y pasan por alto las analogías de la retórica chavista con el discurso autoritario chileno.
Detrás de estas misivas no hay sino una estrategia discursiva que intenta apropiarse de la definición de un fenómeno (en este caso, el progresismo chileno), sin darle derecho a réplica. Las definiciones, los conceptos, son la manera más poderosa de establecer los términos de la discusión y privar exitosamente a la contraparte de su condición de sujeto.
En este caso, dicha estrategia además es engañosa, pues trata de confundir al progresismo tal como existe entre nosotros con ese populismo bolivariano que ha pasado a convertirse en el nuevo cuento del lobo. Por el contrario, el progresismo chileno difiere radicalmente del autoritarismo bolivariano. El modelo venezolano gira en torno a la concentración de poder en el caudillo, y la disolución de todas las causas en la defensa retórica de aquél. El progresismo chileno, en tanto, se caracteriza por ser un discurso sobre la reforma de las instituciones y la expansión de las libertades públicas.
Si hubiera que encontrar un fenómeno estructuralmente semejante al modelo bolivariano en nuestra historia reciente, éste habría de hallarse en la movilización pinochetista de los 80 y su proyecto político de una "democracia protegida". El liderazgo caudillista y la división retórica entre "nosotros" y "ellos", tan propia de los proyectos autoritarios, hermanan a la distancia física y cronológica a Chávez y a Pinochet. Nada de eso tiene que ver con el progresismo chileno, enfocado en someter a discusión las prioridades valóricas y poner en escrutinio las instituciones públicas y privadas.

JAVIER CASTILLO J.
FERNANDO MUÑOZ L.
MAURICIO SALGADO O.

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