01 agosto, 2009

Iglesia y empresarios

Domingo 24 de Mayo de 2009

Señor Director:
Sorprenden los términos en los cuales Andrés Benítez critica en su columna la actitud de las autoridades eclesiásticas frente a la crisis económica y el papel del empresariado. En primer lugar, parece increíble que caracterice como una inconsecuencia el hecho de que la jerarquía eclesiástica, por "una parte, los acoge y los considera; pero por otra, no comparte la esencia de su papel". Benítez pareciera estar sacándoles en cara a los sacerdotes que la Iglesia utiliza el dinero de los empresarios, pero no es suficientemente agradecida con éstos. Por lo demás, el mensaje de Jesucristo jamás exige condonar las actividades de aquellos a quienes acoge.
En segundo lugar, Benítez enarbola el argumento falaz de que los empresarios tienen un especial tipo de conocimiento del que otros carecen. Este autoritarismo epistémico arroja como conclusión no sólo que los sacerdotes no pueden opinar y, por tanto, criticar el accionar de los empresarios, sino también que el resto de la población no empresarial está vetada para ejercer esta crítica. De ser así, esto nos llevaría al absurdo de que sólo los empresarios pueden determinar cómo regular su comportamiento. Si bien esto pareciera ser lo que algunos empresarios y economistas pretenden, es evidente que la democracia moderna articula un claro y rotundo no a esta pretensión veneciana de que el mercado, no el foro público, determine la conducción de los asuntos de la ciudad.

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