06 junio, 2009

Congreso e Imaginario Social

A raíz del reportaje de Informe Especial sobre la Cámara de Diputados, la opinión pública ha reaccionado con alarma. No sólo contra las prácticas presupuestarias de algunos diputados, sino más generalmente contra aspectos generalizados en la práctica parlamentaria como la inasistencia a las sesiones en sala (producidas según los diputados por las sesiones en comisión y el trabajo en terreno) y la falta de debate. Este malestar con el funcionamiento parlamentario no es nuevo. Ya en 1923, el constitucionalista alemán Carl Schmitt escribía en su libro "La Crisis de la Democracia Parlamentaria" que "en las circunstancias actuales del negocio parlamenario, la apertura y la discusión han devenido en una formalidad vacía y trivial".
Ahora bien, el propósito de Schmitt en ese escrito no era proponer reformas, ni mucho menos sugerir la abolición de esta institución. Schmitt pretendía investigar "el núcleo último de la institución del parlamento moderno". "Sólo cuando comprendan la situación intelectualmente, las propuestas de reforma podrán ganar perspectiva" sostenía Schmitt; "sólo entonces podrá haber un giro desde preguntas tácticas y técnicas a principios intelectuales, y un punto de partida que no conduzca una vez más a un callejón sin salida.
La calidad de la política y de las instituciones no es sólo un asunto de reforma institucional. También es un asunto de percepciones; de imaginación, si se quiere. La verdad es que, como lo sostiene el cientista político Benedict Anderson, una nación es una "comunidad imaginada" debido a que "los miembros de incluso la más pequeña nación jamás conoceran a la mayoría de sus compatriotas, ni escucharán de ellos, pero en la mente de cada uno vive la imagen de su comunión". En ese sentido, el imaginario social de una comunidad es una entidad que tiene existencia en sí misma, y que debe ser cuidado. En nuestro país, durante todo el período del Régimen Militar se instaló una crítica incesante a la política y a las instituciones democráticas a las cuales se acusaba de ineficientes y entitativamente corruptas. Ante esa circunstancia, toda crítica institucional que apunte a mejorar –y no a socavar– el Congreso debe hacerse cargo de ese contexto y de cuidar la percepción que el imaginario social chileno tiene del Congreso; cualquier otra cosa es sensacionalismo irresponsable. Es lamentable que TVN, particularmente en cuanto canal público, haya escogido ignorar ese contexto.

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