16 noviembre, 2008

¡Hasta cuando con los Obamas chilenos!

Parecía que la columna de Carlos Peña había puesto las cosas en orden al señalar categóricamente que en Chile, nadie es Obama. Sin embargo, hoy Cristóbal Orrego, uno de los columnistas más reaccionarios de nuestro país -además de ser uno de los que escribe peor; algún día diré quienes son los otros en mi opinión- vuelve a la carga en una columna incomprensible pero que destaca por bautizar a Juan Antonio Kast como el Obama Rubio. Recordando que ya se le había bautizado como el Obama Blanco, cabe preguntarse, ¿cuándo empezará la UDI a promocionarlo como el Obama Ario?
Hay un problema profundo de incomprensión de la política en nuestro medio, problema al que apuntaba la columna de Carlos Peña: nadie entiende que aquí estamos hablando de política. Los que quieren hacer comparaciones con nuestro país, debieran entender que la gracia de Obama es cómo él ha logrado conectar su candidatura con la narrativa histórica nacional y, aún mas específicamente, con la narrativa de los movimientos sociales progresistas. La candidatura de Obama se entiende como un hito más de una larga cadena integrada por Abraham Lincoln, por Roosevelt, por Martin Luther King.

El momento en que fue más evidente -aunque no lo suficiente para los despistados que quieren parecerse a Obama- fue el discurso que dio el día en que ganó. Cabe destacar que como me lo destacó mi amigo Jorge Alzamora, ese discurso es muy similar estructuralmente al discurso de la marcha de la Patria Joven de Frei Montalva, en cuanto crea una cadena de sucesos históricos que le dan sentido al momento político del presente. No quiero decir con esto que el Obama chileno haya sido Frei Montalva; no voy a caer en la misma tontera. Lo que quiero destacar es que Obama no quiso ser el Tony Blair negro, o el Bill Clinton de Illinois: quiso ser Barack Hussein Obama. tal como él mismo dijo en un sketch de Saturday Night Live, se siente demasiado bien como para estar ocultando quién es.

En defintiiva, los politicos chilenos debieran ser capaces de pararse sobre sus pies y mirar el horizonte, a ver si descubren alguna meta que los lleve a caminar lejos y liderar multitudes, en vez de estar haciendo grupos en facebook y registrando www.yosoyobama.cl.

Violencia objetiva y violencia subjetiva

Los señores Galetovic y Montes censuran al ministro Vidal por "usar el dolor de una familia para azuzar la lucha de clases". Por cierto, no se encargan de explicarnos por qué tal actividad sería censurable. Sin embargo, el punto es que demuestran no comprender la labor realizada por el ministro, lo cual requiere un poco de elucidación.

Lo cierto es que los comentarios del ministro son profundamente necesarios. Actos de violencia "subjetivos", como un crimen, distraen nuestra atención de actos de violencia "objetivos", es decir, aquellos que no son el resultado de la acción individual de ningún agente, sino que de las estructuras sociales que sustentamos a través de nuestras prácticas sociales y su interpretación. La invisibilidad por razón de la condición socioeconómica es uno de esos actos de violencia, que perpetúa las relaciones existentes de subordinación y en última instancia de humillación al recordarle al modesto poblador que él no es tan importante como un profesional. Que si éste es víctima de crímenes que a aquél lo afectan constantemente, las reacciones son muy distintas.

No está de más señalar de paso que los economistas chilenos parecieran comprender únicamente dos lenguajes: el de los números y el del miedo.

08 noviembre, 2008

Antidiscriminación e identidades

Estoy en una conferencia sobre los 30 años de la Pregnancy Discrimination Act, donde el tema central ha sido qué estándares han de guiar la normativa, políticas y acciones para modificar el lugar de trabajo en funcion de la mujer embarazada y madre. Uno de los temas que han surgido es la necesidad de redefinir las masculinidad, cuestionando el paradigma machista hegemónico de hombre. El hombre ha de ser un care taker; hacia sus hijos, hacia sus padres, hacia otros, rechazando que ese rol sea exclusiva y excluyentemente femenino.Cuestionamientos como este necesariamente van más allá del lugar de trabajo. Por otra parte, el feminismo mismo, fuente y a veces destinatario de ese cuestionamiento, sufre procesos de cambio recíprocos en función de ello; alguien mencionó que a la oleada feminista tomboy de los 70' le sucede el feminismo femme. Las mismas mujeres que protagonizan la primera oleada son capaces de saltar las barreras y escoger qué tipo de feminista quieren ser dependiendo del contexto y/u/o deseos individuales. Las identidades tienden a perder nitidez en sus contornos.