20 agosto, 2008

"Gobernar con los mejores": La falacia naturalista en politica

En Chile, cada cierto tiempo se escucha, ya sea por parte de personeros de derecha o bien por conductores de televisión, periodistas o gente de la calle, que es necesario "gobernar con los mejores", con "la selección nacional" como dijera un creativo ex-candidato presidencial dos veces derrotado.
Indudablemente hay un poderoso imán en la idea de que gobiernen los "mejores". Mal que mal, ¿quién podría defender la idea de que gobiernen los peores? Eso convierte a la idea de que gobiernen los mejores en una curiosa contradicción: o es irrelevante, pues cada quien defenderá a sus favoritos como la elección de los mejores, perdiendo utilidad como criterio distintivo; o bien será pretenciosa, dado que se utilizará para afirmar que los mejores son los partidarios de cierta forma de pensar en la política, la economía y la moral.

Esta última reflexión nos lleva a descubrir el problema lógico que subyace a la mentalidad del "gobierno de los mejores". En efecto, no sólo hay graves problemas político-culturales en este discurso -"los mejores" siempre son mayoritariamente hombres, sólo ocasionalmente mujeres, siempre de clase alta, de piel clara, católicos, con estudios en exclusivas universidades nacionales y extranjeras- sino también un grave problema de carácter lógico: pensar en "los mejores" en política es un caso de falacia naturalista.

Por falacia naturalista entendemos una variedad de problemas lógicos, principalmente estudiados por David Hume como el problema de deducir afirmaciones sobre el deber-ser desde el ser; y por George Edward Moore, quien acuñó este término, como el problema en que incurren aquellos filósofos que intentan definir lo bueno recurriendo a propiedades naturales de las cosas. A grandes rasgos, por falacia naturalista nos referimos al error de deducir conclusiones normativas o valorativas a partir de premisas que contienen sólo información acerca de hechos.

Es imposible decir entonces que alguien, ya sea un exitoso profesional o un competente experto en alguna materia, es automáticamente uno de "los mejores" y que está en condiciones por lo tanto de gobernar. El paso de aquello que es -Juan es un buen profesional, por ponerlo en términos sencillos- a aquello que debe ser -Juan debe gobernar- no es automático, sino que está mediado por un valor -yo creo en la libertad de mercado y la eficiencia- del cual en combinación con la afirmación de hecho se concluye el juicio de valor -como creo que Juan es apto para mejorar la producción y el comercio, objetivos con los cuales estoy de acuerdo, entonces creo que Juan debiera ser Ministro de Economía-.

El punto es que al formular juicios prácticos sobre la realidad, sean estos éticos o políticos, no podemos hacer juicios "puros", carentes de elementos valorativos, pues una misma realidad -la redistribución del ingreso, los incentivos a la competencia política o a la búsqueda de acuerdos, la rapidez de los cambios sociales o su gradualidad- será valorada de manera distinta a la luz de distintos conceptos del bien. Sólo dentro de una comunidad comunicativa que, explícita o implícitamente, comparta un concepto del bien -un movimiento religioso, político, ideológico, metodológico- es posible ahorrarse el ser explícito respecto de los valores a la luz de los cuales uno juzga los hechos. Pero dentro de una sociedad compleja y diferenciada, donde prevalece el desacuerdo, saltarse ese paso es una jugada desleal. El que habla de gobernar "con los mejores" está haciendo trampa.

¿Llegará alguna vez la sociedad chilena, o alguna sociedad siquiera, a reducir los desacuerdos y conflictos, siendo posible en definitiva tener un "gobierno de los mejores"? Muchos se dedicaron durante el siglo XX a intentar construir esa sociedad; en Chile, esfuerzos como el derogado artículo 8o de la Constitución de 1980 iban en ese camino. Sin embargo, nada de eso sentido mientras siga existiendo la pluralidad humana, realidad de la que según Hannah Arendt nace la política. Sólo cuando quede un solo hombre -o mujer- en la faz de la tierra, esa persona podrá estar segura de que es gobernado por el o la mejor.

2 comentarios:

Eduardo A. Chia dijo...

Interesante reflexión Fernando.

Creo que ello responde tambien al miedo que le tenemos a la EFECTIVA democracia, o como dijo alguien por ahí, "no es otra cosa que terror a la idea de autogobierno".

Por otro lado, es paradójico ver como algunos de los que dicen abogar por más democracia, o bien la hacen su bandera de lucha, sean a la vez los primeros en añorar el elitismo y el perfeccionismo.

Un saludo.

Mauricio Salgado dijo...

Excelente análisis. Después de todo: Que significa, en términos políticos, "Gobernar con los Mejores"? La misma pregunta podríamos hacernos frente a otra promesa que se nos hace, la cual huele mas a un procedimiento de "sanitizacion" del discurso político que una búsqueda por una democracia mas profunda: Esa promesa es la de constituir un "gobierno de unidad nacional".

Lo que parece estar detrás de ambas promesas es más bien la pretensión de gobernar sin oposición, apaciguar las críticas, reducir el debate un nivel más abajo de las imbecilidades que vemos ahora. Gobernar con los mejores o gobernar mediante un pacto de unidad nacional es la pretensión que nos hace la política para que vivamos una no-política.

Felicitaciones.

Mauricio Salgado,
PhD Student, University of Surrey, UK.