05 diciembre, 2007

La Leal Oposición

¿Qué significa ser de oposición? Creo que esta pregunta ha sido oscurecida por el uso de frases vacías y lugares comunes. Una de ellas es la idea de ser una "oposición leal".

¿Qué significa ser una "oposición leal" en un sistema de partidos democrático? ¿Aprobar en el Parlamento las iniciativas del Ejecutivo? No necesariamente, los parlamentarios de oposición han sido elegidos precisamente por defender ideas y políticas públicas diferentes a las de la mayoría gobernante. ¿Dejar tranquilo al gobierno, sin fiscalizar? Por cierto que no. ¿Tratar con respeto al Presidente? Eso cae de cajón, quien no lo haga se enfrentará probablemente a censura social. ¿Respetar las reglas de la democracia, es decir, la libertad de pensamiento, expresión, asociación, de votar y de postularse a elecciones, y la posibilidad de alternancia en el poder? Por cierto, pero no basta para calificar de leal a la oposición por hacer todo eso; por cierto, es más factible que sea el Ejecutivo quien no respete esas libertades y derechos. Y sea quien sea aquel que viole esas reglas básicas, se ha puesto fuera de la legalidad.

¿A qué se debe entonces esta manía por usar una frase tan carente de contenido como la de ser una "oposición leal"? La respuesta es muy simple: a la facilidad con la que se traducen de manera literal conceptos empleados en otros países. Si se prefiere una expresión más breve, a la ignorancia. Todo esto nace de una traducción literal de "Her Majesty's Loyal Opposition", la denominación que en el sistema parlamentario inglés -y otros sistemas políticos surgidos de éste- se le da al principal partido político de oposición. Partido que, no por ser de oposición, es menos leal a Su Majestad.

Olvidemonos entonces de la frase cliché. La oposición no tiene porqué ser particularmente leal al gobierno. La oposición tiene que ser leal a su electorado, y la mayoría no tiene porqué esperar ningún tipo de afinidad en especial por parte de la oposición hacia ella. Es cierto: la oposición no ha de sabotear al gobierno, pero una vez más, me parece insuficiente calificar de leal a una fuerza opositora por el solo hecho de que no sabotee. Quienes no sabotean al gobierno no son "leales": sencillamente, se comportan como es esperable. En cambio, quienes sabotean al gobierno, como la derecha durante la Unidad Popular, son sediciosos: cometen un crimen contra las reglas de la democracia, al no respetar la voluntad de la mayoría constitucionalmente formada, que ha querido gobernarse por ese determinado gobierno.

En cambio, quien sí debe ser leal al Gobierno es todo aquel que es parte de la coalición que lo respalda. Específicamente, quien milita en un partido político, del cual es dirigente y representante. Incluso si es parte de la minoría. Esto porque la regla de oro de la militancia en un partido político -y con mayor énfasis, para quien detenta un cargo de representación política- es la siguiente: libertad de discusión, unidad de acción. Es cierto que hay un cierto margen de libertad de acción, que tiende a ser mayor o menor de acuerdo a las circunstancias. Mientras menos político sea un determinado asunto, mayor libertad de acción tiene el militante y dirigente de un partido político. Pero mientras más esté politizado un asunto, más fuerza tiene este precepto: libertad de discusión al interior del Partido, para permitir la reflexión y deliberación necesarias para actuar políticamente; pero una vez concluída la reflexión y resuelto un curso de acción determinado, unidad de acción. Es precisamente por esto que se habla de disciplina partidaria. No se le pide a nadie que sea amigo de los demás militantes, ni que vayan a misa juntos o sea padrino de los hijos del otro. La esfera privada es y seguirá privada. Pero en la esfera pública, se ha de marchar juntos. Y quien se separe de la fila, pues, fuera de ella queda.

1 comentario:

Rodrigo Cornejo Zanni.- dijo...

¿Qué realmente significa ser legislador? Intuyo ahí está el gran cuestionamiento.

Desconozco a gran escala la situación legal que el conflicto convoca; pero hay una perspectiva que debemos tener en cuenta: para darle una visión más democrática a la constitución; la unidad de acción, debiera relegarse a un plano oscuro y profundo de la historia; porque he ahí el debate:

¿Chile gobierna para los partidos políticos o para todo nacional?
(¿Soberanía Partidista, o Soberanía Nacional?)

Saludos de un asiduo lector,

Rodrigo.