06 diciembre, 2007

Caso Bolocco

La prensa ha dado amplia cobertura al intento frustrado de robo cometido por dos menores de edad contra Cecilia Bolocco. Sin duda, detrás de esto hay tendencia general: cuando un "famoso" es víctima de un delito, la opinión pública suele dirigir su atención y lamentar el estado de esta sociedad, en la que "nadie está a salvo", ni siquiera "la gente más conocida".

Sin embargo, un segundo de reflexión debiera dirigir nuestra preocupación en otra dirección. Mal que mal, Cecilia Bolocco es un adulto, que puede cuidar de sí mismo y -como la opinión pública también lo sabe-, dispone de amplios recursos para ello. Más preocupación y compasión debieran despertar esos dos menores de edad, de 14 y 15 años, que pusieron en riesgo su seguridad y su libertad por una cartera. Dudo mucho que lo hayan hecho por el placer de dañar a alguien; ese sentimiento suscita otro tipo de delitos. Más bien, son la cara visible -afortunadamente, cubierta por un respetuoso anonimato- de la desigualdad que nuestra sociedad acepta y a la que se nos educa a ser insensibles. En efecto, esos niños no son delincuentes por decisión propia: lo son porque carecen de oportunidades, porque viven en la pobreza, porque al no haber tenido una familia que los convirtiera en objeto de cariño y cuidado, han debido cuidar de ellos mismos según las reglas de la calle, del más fuerte y el más astuto.

Una sociedad que no cuida de los niños en situación de riesgo, ya sea que estén abandonados, huérfanos o maltratados por sus familias, es una sociedad enferma. Un problema tan complejo requiere de toda la ayuda que el Estado y la sociedad civil, conjuntamente, puedan entregar. Cecilia Bolocco puede vivir perfectamente sin que ninguno de nosotros se preocupe de ella; los niños que intentaron robarle su cartera, en cambio, seguirán por la senda del delito si no nos hacemos cargo de ellos.

1 comentario:

Farideh dijo...

Estimado Fernando:
Respeto mucho tu opinión y los comentarios que siempre haces, pero esta vez quiero puntualizar unas cosas que me parecen importantes:
Esos niños que tú mencionas no son taaaaan inocentes, porque se han hecho estudios que prueban que a su edad ya tienen bastante discernimiento.
Yo no soy una erudita, pero mi experiencia y sentido común me dicen que a ellos más que darles el pescado hay que enseñarles a pescar. Ese es el error de los gobiernos, o estados paternalistas que al necesitado no le dan las semillas y la tierra, sino el grano cosechado.
El Estado y nosotros debemos velar porque a la sociedad se le inculquen VALORES, a través de spots, noticias, slogans, campañas publicitarias, teleseries, en todo medio de comunicación, además de los colegios, y eso, es un trabajo largo, con resultados visibles en el largo plazo.
Es la sociedad la que debe cambiar, no el Estado entregando recursos por doquier.
Esos niños, tú puedes intentar reformarlos, hasta con cariño, pero si ellos no saben de valores volverán a lo mismo. En una sociedad consumista como la nuestra, ellos sacan sus propias cuentas: Robar da más dividendos que trabajar. Es un riesgo (y les gusta la adrenalina) pero es dinero fácil y rápido. No deben esperar la quincena ni el fin de mes para tenerlo.
Por otro lado, sus pares los respetan y los imitan por ser "bacanes", cosa que los estimula.
¿Quién elogia a un trabajador que sale antes de las 7 am y regresa después de las 7 pm? Nadie. Todos lo vemos como una obligación.
¿Quienes imitan a una persona que se esfuerza así? Posiblemente no lo hagan sus hijos, porque ni siquiera pueden disfrutar de su compañía en la semana.
Es importante señalar que curiosamente esos niños que delinquen, muchas veces tienen hogares bastante normales, pero como ya se ha dicho en otras ocasiones, no tienen ahora buenos modelos que imitar. Salas, Zamorano, Ríos, González, Massu y otros están colgando los guantes y no se ve que los medios catapulten a otros futuros ídolos.
Creo que este tema es digno de un análisis profundo en el que debemos participar todos como sociedad y no cargarle todos los dados al Estado.
Muy buena tu página. Te felicito y te deseo mucho éxito en tus estudios en Yale.
Juana María Izaga