23 febrero, 2007

Energía nuclear y prejuicios

Actividades de voluntariado en Chiloé me llevaron a viajar a Santiago en un bus a toda velocidad por nuestras bien mantenidas carreteras. Debo confesar que la sensación de inquietud e incertidumbre que me acompañó durante el viaje era ¡muchas veces mayor! que la que haya experimentado alguna vez viajando en avión. Sin embargo, para muchas personas ocurre lo contrario: una encuesta rápida nos revelaría que la gente siente mayor temor a viajar en avión que en bus. Curiosamente, me encuentro en la misma situación respecto de la energía nuclear: a diferencia de muchas personas, siento que es mucho más confiable, segura y amigable con el ecosistema que otras fuentes como el carbón, el petróleo o el gas natural.
En efecto, la energía nuclear es más confiable que el petróleo o el gas natural; por lo menos para nuestro país, que al carecer de fuentes propias de estos elementos se ve expuesto a importantes amenazas geopolíticas. Asimismo, es más segura, pues la tecnología actual y los estándares de calidad de los edificios de contención que albergan los reactores nucleares permiten que éstos resistan incluso el impacto de aviones y huracanes. Finalmente, es más amigable; pues no libera gases tóxicos o de efecto invernadero a la atmósfera lo cual, si mal no recuerdo, es uno de los principales temas de la agenda internacional debido al calentamiento global.
Usualmente se esgrime frente a los argumentos recién reseñados una sola palabra: Chernobyl. Sin duda es una gran herramienta retórica, tal como en otra época lo era acusar al enemigo de brujería o pacto con el diablo. Pero hoy es sabido que este lamentable accidente se debió a deficiencias técnicas, que no es del caso detallar aquí.
Desde luego, es un hecho que la energía nuclear cuenta con una inmerecida mala fama; cada vez que este tema se plantea, la opinión pública tiende a considerar a quienes la promueven como despreocupados lobbystas de intereses empresariales ajenos a los problemas del ecosistema. Es curioso, pero la realidad es otra: para Chile energía nuclear significa independencia energética y geopolítica, seguridad, y lucha contra el calentamiento global.

Post Data: con posterioridad a la publicación de este comentario en El Mercurio, la Ministra de Minería informó que el Gobierno se comprometió a iniciar los estudios técnicos para ver la factibilidad de la instalación de una planta nuclear en Chile y a que en las primeras semanas de marzo se presentará un proyecto de ley para comenzar a implementar energía renovable no convencional. Sin duda, una muy buena noticia.

3 comentarios:

Rodrigo de la Calle V. dijo...

Todo lo que tu correctamente (y sorprendentemente para ser abogado)relatas es cierto sobre la energía, efectivamente las ventajas que tu enumeraste son suficientes como para al menos estudiar su factibilidad y probablemente inclinarse a favor de esta fuente limpia (no es ironía) de energía.

Para ser justos haré algunos alcances sobre los problemas u obstáculos que enfrenta, en realidad son solo dos problemas pero grandes.

Primero: la pregunta de los ecologistas ¿que hacer con el uranio enriquecido? El Uranio enriquecido es la materia prima de donde se saca la energía y luego de usarlo es extremadamente peligroso y riesgoso, es lo que se conoce como desecho tóxico.

El segundo problema es más complejo, en el mundo no se construyen reactores nucleares de menos de 1000 mega Watts de potencia, y en Chile si se construyese uno de esa embergadura, suministraría sobre el 20% del consumo del sistema interconectado central, luego en caso de falla (no es ser pájaro de mal agüero, pero son riesgos que se cuantifican en cualquier sistema)no se podría incorporar otra central eléctrica de igual tamaño, luego tendríamo un tremendo apagón. Por lo mismo lo más probable es que económicamente y técnicamente se justifique que entre en operación la energía nuclear en Chile por ahí por el año 2025 si se mantiene esta tasa de crecimiento.

Carlos A. Pinto dijo...

Desde luego que el tema de la energía nuclear no es algo que deje contento a todos. Por cierto que tampoco tenemos que ser tan estrechos de mentes como para evitar una discusión en torno al tema, por lo que aplaudo la decisión de realizar estudios de factibilidad en torno al tema.

Respecto a las suspicacias que genera el tema, los dos que a mi me preocupan son dos:
- como lidiar nuestra realidad de país sísmico con la construcción de centrales seguras (si es que estas llegaran a construirse) sin que esto suba en demasía los costos y las haga económicamente viables.
- ¿que hacer con los desechos provenientes de las centrales? Es un tema que ningún país a podido cerrar sin que cause dudas respecto a las consecuencias ambientales que esto conlleva.

Lo central de la energía en Chile es que el país debe ser capaz de diversificar su matriz energética y para ello debemos echar mano a todas las que tengamos cerca y que sean compatibles con un medio ambiente limpio. Por de pronto, me parece más sustentable crear una central nuclear que inundar millones de hectáreas de terreno y dañar ecosistemas completos en un ficticio gran proyecto hidroeléctrico (no me refiero a Aysén).

Otra de las dudas que se me vienen a la mente y que no se pueden obviar es el tema de la poca cantidad o abiertamente la inexistencia de ingenieros nucleares chilenos que se hagan cargo de la generación eléctrica y mantenimiento de estas supuestas centrales.

Discrepo con Rodrigo en el tema del tamaño de las centrales. La verdad es que la mayoría de las centrales modernas que se contruyen hoy no son de tanta potencia y la eventualidad de un apagón no depende si una central brinda o no X porcentaje de la producción porque al ser interconectado el sistema, "se cae uno y se caen todos".

Dada las tasas de crecimiento del consumo de energía creo que al final sí se van a construir estas centrales, pero falta mucho para eso aun.

Saludos

Fernando Muñoz dijo...

Súper breve (recuérdese que no soy especialista en la materia, sino un ciudadano con un punto de vista): tengo entendido que el período de radioactividad del uranio es menor del que comúnmente se cree (en algunos casos sólo decenas). Y habrá que copiar las buenas ideas de otros países en la materia.

Y es cierto, dudo mucho que esta iniciativa se implemente dentro de los próximos 5 años, pero para que sea una realidad debe tomarse la decisión política YA y empezar, con una visión de Estado, a implementarse técnicamente a través de los estudios y las inversiones necesarias.

Y el premio limón para todos los bestias que en el blog de El Mercurio han opinado que si el Transantiago no funciona, una central nuclear tampoco. Un aplauso para los sofistas de jardín infantil.