06 enero, 2007

Pinochet y Guzmán

Es claro que la muerte del general (R) Pinochet es un momento de recuentos sobre su gobierno. Sin embargo, parece evidente que tal evaluación no se puede limitar únicamente a su persona; necesariamente debe extenderse a quienes fueron sus colaboradores más cercanos y directos.

Uno de los personajes más importantes en ese sentido fue el dirigente gremialista Jaime Guzmán, quien bien podría ser llamado el "fundador de movimientos políticos" si nos dejáramos llevar por la moda de Julio César Rodríguez, el "fundador de medios" (?). En efecto, ya que Jaime Guzmán tiene el (dudoso) mérito de haber fundado el Movimiento Gremial, Patria y Libertad, la UDI, así como haber traído a Chile al movimiento político- religioso conocido anteriormente como Fiducia y actualmente como Acción Familia.

Jaime Guzmán fue desde un primer momento el ideólogo político- jurídico de la Junta. Como él mismo diría en 1987, entrevistado por Juan Pablo Illanes, Guzmán hacía "una cantidad de cosas bien variadas y no muy precisas. Era asesor del Gobierno en materias jurídico- políticas", algunas de las cuales "naturalmente, revisten un carácter que por su naturaleza de asesoría es discreta y debe mantenerse en ese plano".

Una materia en la cual la asesoría de Jaime Guzmán a Pinochet fue de conocimiento público, fue la elaboración de una entramado ideológico que justificara y proyectara hacia el futuro el autoritarismo y el militarismo que caracterizaron a la Junta Militar. Ese proyecto político fue el que expuso el general Pinochet en 1977, en su discurso de Chacarillas, al afirmar que "advertimos nítidamente que nuestro deber es dar forma a una nueva democracia que sea autoritaria, protegida, integradora, tecnificada y de auténtica participación social".

Frente a estas afirmaciones del pasado, cabe sostener que las reformas estructurales a la Constitución introducidas en 1989 y 2005, así como las numerosas otras reformas hechas durante los gobiernos de la Concertación, han disuelto la mayor parte de ese proyecto de democracia autoritaria y protegida.
En efecto, en la Constitución se ha equilibrado la relación entre Presidente y Parlamento; las Fuerzas Armadas y de Orden hoy están plenamente sometidas en lo institucional a los poderes civiles; el respeto al Estado de Derecho es el único límite a la convivencia política; el Parlamento se integra en su totalidad por representantes del pueblo democráticamente elegidos; y los partidos políticos han recobrado su papel dentro de la institucionalidad mediante diversas reformas de rango constitucional y legal.
Hoy, el diseño político deseado por Pinochet e implementado por Guzmán pareciera ser un mal sueño del cual los chilenos ya hemos despertado.

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