24 mayo, 2006

Restricción a Catalíticos

Hoy apareció publicada en El Mercurio una carta parte de un post anterior, Restricción a Catalíticos y Bien Común.
Acompaña el autoreferente post una autoreferente foto del debate organizado por el Centro de Alumnos de Derecho UC sobre la legitimidad de la Constitución de 1980.

17 mayo, 2006

Criterios de Legitimación de una Constitución

En el N° 288 de La Semana Jurídica, periódico publicado por Editorial Lexis Nexis, apareció un trabajo mío titulado "Criterios de Legitimación de una Constitución".
En este trabajo, se explora la posibilidad de construir un estándar de legitimidad de las Constituciones a la luz de la experiencia histórica del constitucionalismo, tradición propia del mundo occidental forjada a partir de ideas y acontecimientos políticos.
El texto puede ser leído aquí, y el periódico puede ser encontrado en librerías de derecho o en la biblioteca de la UC.

10 mayo, 2006

Restricción a Catalíticos y Bien Común

Las luces de alerta de la opinión pública empiezan a encenderse ante los problemas de contaminación ambiental. Ante la presencia de material particulado en suspensión que contamina la atmósfera, el Centro Nacional del Medio Ambiente de la Universidad de Chile ha propuesto la posibilidad de extender de manera definitiva la restricción vehicular a los automóviles con convertidos catalítico, situación que indudablemente significa redefinir una política pública que se ha implementado los últimos 15 años.
El CENMA, como organismo técnico en la materia, proporciona argumentos de dicha naturaleza a favor de la restricción a los catalíticos que sólo debieran ser rebatidos de la misma manera, mediante otros argumentos técnicos. El derecho constitucional, por otro lado, también puede aportar a la discusión sobre los fines y los medios de esta política pública.
En cuanto a los fines, la Constitución expresamente pone al Estado la finalidad de contribuir al bien común; concepto que conlleva la mayor realización espiritual y material posible de las personas, así como el respeto y promoción de sus derechos. Evidentemente, en esta materia se ven involucrados muchos derechos, particularmente el derecho a no ser discriminado arbitrariamente y por lo tanto a que toda política pública sea razonable y fundamentada; el derecho a vivir en un medio ambiente libre de contaminación, en cuya protección la ley podrá establecer restricciones específicas al ejercicio de determinados derechos; y el derecho de propiedad de quienes poseen automóviles sobre su bien, derecho sobre el cual la ley puede establecer limitaciones exigidas por la salubridad pública y la conservación del patrimonio ambiental.
En cuanto a los medios, queda claro que el mecanismo para llevar a cabo la restricción vehicular es a través de la ley, no mediante decretos. Esta práctica inconstitucional se vio discutida por el Tribunal Constitucional en su sentencia Rol N° 235 del 2001, cuestionable pronunciamiento donde si bien llega a la conclusión de que el decreto que establece la restricción vehicular no satisface el principio de legalidad, "declarar la inconstitucionalidad del D.S. N° 20 podría generar una vulneración de mayor entidad de nuestra Carta Fundamental, al no permitir la ejecución de una restricción de derechos que, atendida la situación ambiental existente, resulta necesaria para proteger la salud de la población". La verdad sea dicha, es bastante escandaloso que un simple decreto reemplace a una ley allí donde la Constitución exige esto último.
En definitiva, la restricción vehicular a los catalíticos parece ser, de acuerdo a lo que nos informa el CENMA, una medida necesaria para disminuir la cantidad de material particulado en suspensión que contamina el aire de Santiago. La herramienta para implementar esa restricción, y solucionar el escándalo inconstitucional en que hemos mantenido la restricción vehicular los últimos 15 años, es enviar una ley al parlamento que fundamente normativamente esta práctica.
Lo que no puede ocurrir, y estamos gustosos de abrir de esta manera una discusión de fondo sobre los derechos involucrados, es que los dueños de vehículos catalíticos sientan que tienen un "derecho adquirido" a que sus automóviles no sean objeto de restricción vehicular. Este es un asunto de política pública, debatible por la ciudadanía y en última instancia definible por la autoridad a través de los mecanismos correspondientes; es decir, un proyecto de ley. No permitamos que el lenguaje de los derechos reemplace subrepticiamente al lenguaje de la persuasión, la deliberación democrática y, en definitiva, al lenguaje de la política.

08 mayo, 2006

La constitución de la democracia deliberativa

Me cortaron las alas... estaba preparando una recensión para una revista sobre el libro "La Constitución de la democracia deliberativa", de Carlos Santiago Nino, autor que como ya dije en un post anterior prácticamente nadie cita o enseña en nuestras escuelas de Derecho, y me dijeron que es muy antiguo y que "no se estila" hacer recensiones de libros ya publicados. ¿Cómo yo he visto recensiones de libros de Aristóteles o Kant? Quizás si hago un comentario del "Evangelio Perdido de Judas" me lo publiquen...
En fin, aquí hay algo más sobre Carlos Santiago Nino. No esperen que termine de comentarlo, prefiero dedicar mi tiempo a comentar cosas "más nuevas"...
NINO, CARLOS SANTIAGO, La constitución de la democracia deliberativa, Barcelona, Editorial Gedisa, 1997.

Carlos Santiago Nino (1943- 1993) es un autor central en la reflexión iusfilosófica de fines del siglo XX. Su tesis de doctorado en Oxford, “Towards a general strategy for criminal law adjudication”, fue dirigida por John Finnis. Impartió la docencia en Yale y en la Universidad de Buenos Aires. Su obra ha sido comentada en numerosas publicaciones especializadas, tanto en inglés como en castellano, por algunos de los más destacados pensadores de este campo; entre ellos Ronald Dworkin y Robert Alexy. Su labor no se limitó a la intervención en el mundo de las ideas; también fue asesor presidencial durante el gobierno de Raúl Alfonsín, en calidad de coordinador del Consejo para la Consolidación de la Democracia.
Sin embargo, en nuestro medio nacional pareciera pasar inadvertido, siendo mucho más frecuente escuchar citas o leer referencias sobre otros juristas argentinos como Haro, Sagüés o Bidart Campos, quizás más afines a las temáticas discutidas en nuestro país.Su obra aborda diversas materias del mayor interés para quienes estén interesados en la Teoría del Derecho (“Introducción al Análisis del Derecho”, “Consideraciones sobre la Dogmática Jurídica”), Derecho Penal (“Los Límites de la responsabilidad penal”, “La Legítima Defensa”), Filosofía del Derecho (“Derecho, Moral y Política”, “El Constructivismo Ético”), Derecho Político (“Un país al margen de la ley”, “Ética y Derechos Humanos”) y, particularmente, Derecho Constitucional (“Fundamentos de Derecho Constitucional”).
Es esta última disciplina la que convoca hoy nuestra atención, a través de “La constitución de la democracia deliberativa” (Barcelona, Gedisa, 1997), libro póstumo preparado para su publicación por su “querido amigo Owen Fiss”, profesor de Derecho en Yale, a quien alcanzó a entregar un ejemplar antes de morir producto de un ataque de asma en La Paz, Bolivia.
“La constitución de la democracia deliberativa” es un esfuerzo del autor por abordar las tensiones existentes entre constitucionalismo y democracia. El punto de partida asumido es la constatación de diversos conceptos de constitucionalismo, los cuales impactan de manera más o menos intensa en la democracia de acuerdo al nivel de profundidad con que sean entendidos.
En efecto, la idea de “gobierno limitado” asociada con el constitucionalismo puede traducirse en su opinión en diversos peldaños de una escala que van desde la idea básica de rule of law hasta la implementación de la separación de poderes, el control judicial de constitucionalidad, el modelo representativo de gobierno, entre otras herramientas comúnmente aceptadas como parte del constitucionalismo. Para Nino, el sentido más robusto de constitucionalismo reclama no sólo la existencia de normas que organizan el poder y permanecen inalterables frente a los procesos legislativos, sino que también, y fundamentalmente, requiere de estructuras específicas de procedimiento y contenido de las leyes que regulan la vida pública (p. 18- 19).
Por otro lado, aborda la democracia como un concepto normativo, siguiendo las ideas de Giovanni Sartori, en contraposición a quienes buscan la democracia mediante la simple identificación y réplica de fenómenos o resultados deseados en materia de gobierno democrático, en desconexión de una teoría que los respalde. Nino sostiene que no hay instituciones distintivas de la democracia desconectadas de una teoría valorativa, puesto que la realidad no nos dice cuáles instituciones son esenciales y cuáles son contingentes en relación a un concepto normativo como el de democracia (p. 23). De esta manera es posible distinguir una gradación de situaciones reales o posibles que logren ubicarse de acuerdo con su proximidad o lejanía respecto de aquel ideal de democracia (p. 24).
Comentario final: la clave del libro está en el capítulo 5... todavía faltaba bastante tecleo para llegar al punto.

02 mayo, 2006

Ciudadanos Senadores

Hoy fue publicada en El Mercurio la siguiente carta:
Señor Director:
No me cuento entre quienes votaron por Girardi o por Navarro para senadores. Tampoco entre quienes comparten su estilo de hacer política.
Pero es precisamente la distancia que siento frente a dichos parlamentarios, lo que me lleva a reconocer —nobleza obliga, se decía antiguamente— el inmenso valor que tiene la moción mediante la cual pretenden reemplazar la denominación de “Honorable senador” por “ciudadano senador”. El calificativo de honorable es, sin duda, una valoración sobre la calidad ética de un funcionario que debe ser conquistada por los políticos y no decretada por secretaría.
Cada hombre público espera de sus conciudadanos algún tipo de reconocimiento; es cierto. Para O’ Higgins, era la tranquilidad de “dejar a Chile independiente de toda dominación extranjera, respetado en el exterior y cubierto de gloria por sus hechos de armas”. Para Frei, era el deseo de ser recordado como el “Presidente de los campesinos”. Para Allende, en sus últimos segundos, la “certeza de que mi sacrificio no será en vano”. Pero ninguno de ellos esperó que un reglamento cumpliera sus sueños.
La imagen de una República donde el Presidente es el primer mandatario, es decir, el primero de los servidores de la nación, concuerda con un Senado donde nuestros representantes se asuman como iguales políticamente a cada uno de nosotros, sus electores. Y desde distintas perspectivas, visiones y doctrinas políticas, los chilenos debiéramos coincidir en este giro copernicano en la denominación de nuestros parlamentarios.

01 mayo, 2006

Bush y el castellano

Los "problemas" de inmigración en Estados Unidos replican un asunto que todo país desarrollado enfrenta hoy en día. La globalización es una realidad que expande las oportunidades de elegir; y cuando se dice que ella pone a prueba las diversas identidades nacionales, se está dando en el clavo pese a que muchas veces esta afirmación proviene de una mentalidad atávica y hostil a los resultados de la libertad.

No simpatizamos con quienes se oponen a la libertad de fronteras. Si estamos dispuestos a aceptar la libre circulación de productos y capitales a lo largo y ancho del mundo, debemos con mayor razón estar abiertos a recibir a ciudadanos del mundo. Sumergirse en una defensa de la identidad nacional para rechazar el fenómeno migratorio es regresar a la moral endogámica de las tribus paleolíticas.

Más difícil es defender esta postura aislacionista si recordamos que el mundo moderno se ha construido sobre la base de migraciones. Europa vivió procesos migratorios durante las primeras centurias después de Cristo que configuraron su realidad, en combinación con una fe proveniente del Oriente y predicada por extranjeros. América entera es producto de movimientos humanos, mezclas raciales y encuentros culturales.

Indudablemente, las migraciones son un reto a nuestra forma de concebir nuestra identidad. Una reciente columna en el Diario "Presenza", de la comunidad italiana en Chile, planteaba que las migraciones musulmanas en ese país podrían impedir en algún futuro la lectura de pasajes de la "Divina Comedia" donde Dante sitúa a Mahoma en el Infierno, así como la exhibición de frescos y pinturas renacentistas donde el mismo profeta sufre vejaciones. En Chile, indudablemente son pocos los que reciben con alegría la estadía de trabajadores peruanos, mezclando su rechazo étnico con un alegato por la protección de las fuentes de trabajo.

Un capítulo de esta tensión cultural se está escribiendo en Estados Unidos en estos momentos. Frente a la grabación del himno estadounidense en castellano, el presidente Bush opinó en la Casa Blanca que en su opinión, "el himno nacional debe ser cantado en inglés y creo que la gente que quiere ser ciudadana de este país debe aprender inglés y debe aprender a cantar el himno nacional en inglés". Si estas palabras hubieran sido pronunciadas por Jörg Haider, los titulares de la prensa habrían recordado su simpatía por el nazismo. En boca de Bush, no hacen sino sentir el tufillo del mismo espíritu de "queremos vivir según nuestro estilo" que inspiró en el siglo XIX a los esclavistas del sur de EE.UU. y en el siglo XX a sus herederos, los partidarios de la segregación racial.