10 mayo, 2006

Restricción a Catalíticos y Bien Común

Las luces de alerta de la opinión pública empiezan a encenderse ante los problemas de contaminación ambiental. Ante la presencia de material particulado en suspensión que contamina la atmósfera, el Centro Nacional del Medio Ambiente de la Universidad de Chile ha propuesto la posibilidad de extender de manera definitiva la restricción vehicular a los automóviles con convertidos catalítico, situación que indudablemente significa redefinir una política pública que se ha implementado los últimos 15 años.
El CENMA, como organismo técnico en la materia, proporciona argumentos de dicha naturaleza a favor de la restricción a los catalíticos que sólo debieran ser rebatidos de la misma manera, mediante otros argumentos técnicos. El derecho constitucional, por otro lado, también puede aportar a la discusión sobre los fines y los medios de esta política pública.
En cuanto a los fines, la Constitución expresamente pone al Estado la finalidad de contribuir al bien común; concepto que conlleva la mayor realización espiritual y material posible de las personas, así como el respeto y promoción de sus derechos. Evidentemente, en esta materia se ven involucrados muchos derechos, particularmente el derecho a no ser discriminado arbitrariamente y por lo tanto a que toda política pública sea razonable y fundamentada; el derecho a vivir en un medio ambiente libre de contaminación, en cuya protección la ley podrá establecer restricciones específicas al ejercicio de determinados derechos; y el derecho de propiedad de quienes poseen automóviles sobre su bien, derecho sobre el cual la ley puede establecer limitaciones exigidas por la salubridad pública y la conservación del patrimonio ambiental.
En cuanto a los medios, queda claro que el mecanismo para llevar a cabo la restricción vehicular es a través de la ley, no mediante decretos. Esta práctica inconstitucional se vio discutida por el Tribunal Constitucional en su sentencia Rol N° 235 del 2001, cuestionable pronunciamiento donde si bien llega a la conclusión de que el decreto que establece la restricción vehicular no satisface el principio de legalidad, "declarar la inconstitucionalidad del D.S. N° 20 podría generar una vulneración de mayor entidad de nuestra Carta Fundamental, al no permitir la ejecución de una restricción de derechos que, atendida la situación ambiental existente, resulta necesaria para proteger la salud de la población". La verdad sea dicha, es bastante escandaloso que un simple decreto reemplace a una ley allí donde la Constitución exige esto último.
En definitiva, la restricción vehicular a los catalíticos parece ser, de acuerdo a lo que nos informa el CENMA, una medida necesaria para disminuir la cantidad de material particulado en suspensión que contamina el aire de Santiago. La herramienta para implementar esa restricción, y solucionar el escándalo inconstitucional en que hemos mantenido la restricción vehicular los últimos 15 años, es enviar una ley al parlamento que fundamente normativamente esta práctica.
Lo que no puede ocurrir, y estamos gustosos de abrir de esta manera una discusión de fondo sobre los derechos involucrados, es que los dueños de vehículos catalíticos sientan que tienen un "derecho adquirido" a que sus automóviles no sean objeto de restricción vehicular. Este es un asunto de política pública, debatible por la ciudadanía y en última instancia definible por la autoridad a través de los mecanismos correspondientes; es decir, un proyecto de ley. No permitamos que el lenguaje de los derechos reemplace subrepticiamente al lenguaje de la persuasión, la deliberación democrática y, en definitiva, al lenguaje de la política.

3 comentarios:

Carlos A. Pinto dijo...

La extensión de la restricción a los vehículos catalíticos es una arista de la gran necesidad que existe por reformar el programa de descontaminación en la ciudad de Santiago. Personalmente creo que éste programa, si bien en su momento mejoró sustantivamente la calidad del aire, hoy en día se encuentra en un indesmentible estancamiento sino en el camino al más rotundo fracaso. Como habitante de esta ciudad (me acordé del slogan: no confunda "su ciudad" con "suciedad"), exigo por parte de las autoridades una reforma URGENTE y PROFUNDA respecto de éste plan. Nada más de soluciones cosméticas. Es momento de solucionar de una vez por todas este asunto. Si Londres lo logró en su momento, ¿por que nosotros no?

cansadorintrabajable dijo...

Qué buena contestación.

Fco. Javier Gutiérrez. dijo...

en realidad podemos encontrar muchos modelos en el mundo, como el que uso el popular alcalde del Londres.

Pero ojalá que no copiemos la versión chilensis.

El tema no es la restriccion vehicular, sino que haya una politica de estado para incentivar el uso del sistema público de transporte, que por lo demas es un asco, por eso es mucho mejor andar en auto particular.

No es posible que con fines electorales, se venda la pomá del Transantiago, que en realidad no es Transantiago, pero los buses si lo son, en fin.

Por último, no sólo en Santiago se necesita politicas de estado en transporte. En el sur también estamos atorados, sino los invito a un tour por avenida Caupolicán de Temuco.