02 mayo, 2006

Ciudadanos Senadores

Hoy fue publicada en El Mercurio la siguiente carta:
Señor Director:
No me cuento entre quienes votaron por Girardi o por Navarro para senadores. Tampoco entre quienes comparten su estilo de hacer política.
Pero es precisamente la distancia que siento frente a dichos parlamentarios, lo que me lleva a reconocer —nobleza obliga, se decía antiguamente— el inmenso valor que tiene la moción mediante la cual pretenden reemplazar la denominación de “Honorable senador” por “ciudadano senador”. El calificativo de honorable es, sin duda, una valoración sobre la calidad ética de un funcionario que debe ser conquistada por los políticos y no decretada por secretaría.
Cada hombre público espera de sus conciudadanos algún tipo de reconocimiento; es cierto. Para O’ Higgins, era la tranquilidad de “dejar a Chile independiente de toda dominación extranjera, respetado en el exterior y cubierto de gloria por sus hechos de armas”. Para Frei, era el deseo de ser recordado como el “Presidente de los campesinos”. Para Allende, en sus últimos segundos, la “certeza de que mi sacrificio no será en vano”. Pero ninguno de ellos esperó que un reglamento cumpliera sus sueños.
La imagen de una República donde el Presidente es el primer mandatario, es decir, el primero de los servidores de la nación, concuerda con un Senado donde nuestros representantes se asuman como iguales políticamente a cada uno de nosotros, sus electores. Y desde distintas perspectivas, visiones y doctrinas políticas, los chilenos debiéramos coincidir en este giro copernicano en la denominación de nuestros parlamentarios.

4 comentarios:

cansadorintrabajable dijo...

Pues más que los apelativos o los apellidos que se coloquen entre sí estos señoritos, me preocupa la crisis de representatividad que atraviesa el país (ya ni me atrevo a hablar de la "República", pues éste más bien parece un territorio completo en manos de las corporaciones transnacionales).

Tal vez sería mejor ponerse a pensar cómo sacudir de la modorra a toda una generación de conformistas a-críticos chilenos (autodenominados "apolíticos", con cierto sentido del humor, prefiero suponer), que no cuestionan nada de nada y luego se sorprenden de que en una manifestación por el 1º de Mayo se desate una violencia extrema por parte de los mismos marginados sociales de siempre.

Creo, en definitiva, que no se puede construir un país digno con una sociedad tan fragmentada, antidemocrática y desigual como la chilena.

No advertirlo es ser un ciego. O un sofista, quizás.

Saludos, ciudadano.

libertario dijo...

Lo que es yo, no espero "representatividad". ¿Por qué? La sociedad debe avanzar a la autogestión, así sin más.
Los señores del club parlamentario, de espaldas a la gente que los elige - y estas gentes de espaldeas a éllos - están discutiendo cómo repartirse las platas que ahora les sobran de los honorarios de los ahora inexistentes "designados". ¿Qué tal? Yo creía que la "H" era de huevón fresco.

Fernando Muñoz dijo...

Siempre se agradece ser llamado ciudadano, cansadorintrabajable. ¿Como lo diríamos en francés? ¿Citoyen? Bella palabra, teñida de sangre hace un par de siglos por el fanatismo de quienes querían obligar a ser libres a sus conciudadanos.

Algo de eso hay también en la esperanza de la democracia directa, pariente político de la idea de autogestión. No creo en su viabilidad, haría falta un "hombre nuevo" que fue buscado durante buena parte de los últimos años y lamentablemente no fue hallado. Digo lamentablemente, pues es un hombre que llevaría muchos de mis ideales a la práctica.

Sin embargo, la idea de representatividad me parece que conserva su vigencia pues permite a cada uno de nosotros ordenar sus prioridades y dedicar tiempo a su vida "privada", a su "economía". Hay momentos en las democracias, sin duda, en que toda la ciudadanía está llamada a movilizarse frente a problemas decisivos como el régimen político o el contenido de los derechos que se respetarán constitucionalmente.

A eso le llaman algunos la democracia "dualista", en que conviven momentos de normalidad política donde funcionan rutinariamente las instituciones representativas y los momentos "constitucionales", mucho más emocionantes pero también más exigentes para cada uno de nosotros.

cansadorintrabajable dijo...

Esta "normalidad política" parece más bien siesta española.

Yo creo que la democracia debe ser democracia las 24 horas del día. ¿Qué es eso de clasificarla secuencialmente?

La democracia requiere de la participación permanante de los ciudadanos. Si no, no es democracia (o es una democracia "a la chilena", ja).

Yo, por ejemplo, ya debiera ser todo un ciudadano: aporto al país, pago mis impuestos, participo de su economía; y sin embargo, ninguno de los parlamentarios electos me representa, pues el conglomerado al que le dí mi voto (ya caímos en confidencias de otro tipo, je je) está absolutamente marginado de las decisiones nacionales por un mañoso sistema electoral.

Entonces, si no hay plena representatividad, ¿cómo puede decirse que vivimos propiamente en democracia, aunque ésta sea "dualista", como la llamas tú?

Es una falacia. Así de simple. Una falacia que deja contentos a los inversionistas extranjeros.


Saludos nuevamente, ciudadano.

Un gusto dialogar con usted.