01 mayo, 2006

Bush y el castellano

Los "problemas" de inmigración en Estados Unidos replican un asunto que todo país desarrollado enfrenta hoy en día. La globalización es una realidad que expande las oportunidades de elegir; y cuando se dice que ella pone a prueba las diversas identidades nacionales, se está dando en el clavo pese a que muchas veces esta afirmación proviene de una mentalidad atávica y hostil a los resultados de la libertad.

No simpatizamos con quienes se oponen a la libertad de fronteras. Si estamos dispuestos a aceptar la libre circulación de productos y capitales a lo largo y ancho del mundo, debemos con mayor razón estar abiertos a recibir a ciudadanos del mundo. Sumergirse en una defensa de la identidad nacional para rechazar el fenómeno migratorio es regresar a la moral endogámica de las tribus paleolíticas.

Más difícil es defender esta postura aislacionista si recordamos que el mundo moderno se ha construido sobre la base de migraciones. Europa vivió procesos migratorios durante las primeras centurias después de Cristo que configuraron su realidad, en combinación con una fe proveniente del Oriente y predicada por extranjeros. América entera es producto de movimientos humanos, mezclas raciales y encuentros culturales.

Indudablemente, las migraciones son un reto a nuestra forma de concebir nuestra identidad. Una reciente columna en el Diario "Presenza", de la comunidad italiana en Chile, planteaba que las migraciones musulmanas en ese país podrían impedir en algún futuro la lectura de pasajes de la "Divina Comedia" donde Dante sitúa a Mahoma en el Infierno, así como la exhibición de frescos y pinturas renacentistas donde el mismo profeta sufre vejaciones. En Chile, indudablemente son pocos los que reciben con alegría la estadía de trabajadores peruanos, mezclando su rechazo étnico con un alegato por la protección de las fuentes de trabajo.

Un capítulo de esta tensión cultural se está escribiendo en Estados Unidos en estos momentos. Frente a la grabación del himno estadounidense en castellano, el presidente Bush opinó en la Casa Blanca que en su opinión, "el himno nacional debe ser cantado en inglés y creo que la gente que quiere ser ciudadana de este país debe aprender inglés y debe aprender a cantar el himno nacional en inglés". Si estas palabras hubieran sido pronunciadas por Jörg Haider, los titulares de la prensa habrían recordado su simpatía por el nazismo. En boca de Bush, no hacen sino sentir el tufillo del mismo espíritu de "queremos vivir según nuestro estilo" que inspiró en el siglo XIX a los esclavistas del sur de EE.UU. y en el siglo XX a sus herederos, los partidarios de la segregación racial.

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