26 septiembre, 2005

La denominación de la Constitución

Señor Director:
En relación con la columna del profesor Brunet del 22 de septiembre, quisiera señalar que personalmente me encuentro entre quienes creen que debiéramos hablar de la Constitución de 1989. No de 1980, pues no sólo la legitimidad sino también la calidad auténtica de constitución de ese texto debe ser puesta en duda.
En efecto, como dice un adagio jurídico, en Derecho las cosas son lo que son, y no lo que su nombre indica: el moderno constitucionalismo reserva la denominación de Constitución para aquellas leyes fundamentales que protegen los derechos de las personas y limitan el poder. ¿Y alguien sigue creyendo, después de los informes Rettig y Valech, que la Constitución realmente protegió los derechos entre 1980 y 1990? ¿Alguien sigue creyendo, después del caso Riggs, que la Constitución realmente fue capaz de limitar el poder?
En cuanto a la denominación de Constitución de 2005, me parece que bien podría haber argumentos para sostener esta posición toda vez que, así como hay importantes elementos de continuidad y lo ha destacado correctamente el profesor Brunet, también hay importantes cambios sustanciales, como es de público conocimiento. La relación Ejecutivo- Parlamento; el sistema de control de constitucionalidad; la subordinación del poder militar al poder civil, constituyen virajes tan sustantivos que, para quienes centren su estudio del ordenamiento iusfundamental en la dimensión política, bastan para aducir que estamos frente a una nueva Constitución.
(El Mercurio, 26 de septiembre)

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